martes, 20 de febrero de 2018

DUDARIO DEL INOCENTE DESCUBRIMIENTO DE LA INFAMIA INMORAL DE UNA PINGüINA ENAMORADA

Porque así pingüina no temo a levantar mi mano
y declararme señorita que se pierde en su sueño y se hace llamar hija de Dios.
Las lecciones se me salieron por el otro oído
y alcé mis hombros hinchándome de risa
hasta que tropecé y conocí el sabor del error,
del rabo entre las piernas
sin poder mirar de frente a mi familia.

Aprendí desde donde no debo ir.
Aprendí desde llevar un arañazo de vergüenza en la cara.
Aprendí desde la cicatriz del juego adelantado.
Del exacerbado consumo del propio veneno del aniquilamiento,
Desde los falsos cerebros y viles maestros que me hicieron conocer
los límites de mi temeridad y mi fuerza.
Ahora tengo una dualidad dubitativa.
Meditabunda, vagabunda en sus constantes trabajos por la integración.
Mi yin-yang no es inmóvil, cambia de sitio por su propia inseguridad.
No puede quedarse quieto. Es rebelde, anda sin correa, 
tiene la falda muy chiquita.
Rompe todas las incoherencias para sorprenderse del payaso que es.

Y ahora me encuentro tomando un carro que me llevará a ver a mi amor.
El día se hace noche y yo miro mi celular:  su foto y mi foto.
Nuestro anhelado encuentro.
De pronto recuerdo las palabras de mi madre en tono de advertencia (de sentencia)
"Tú puedes pensar eso, pero ellos no piensan así".
La saliva estruendosa de quien descubre que no sabía que parecía lo que no era.
Y nuevamente el martirio mental entre lo que es mejor
viene a ponerme la espada en la garganta.
¿Mi felicidad o la felicidad de los que “desean” mi felicidad?
Los diablos viejos, sabios que saben lo que es amar.
Posiblemente anhelando el cierre de un final feliz en segundas o terceras generaciones,
como resarcimiento de una historia marchitada.

Ay, yo solo sé que quiero verlo, bajar de este bus, y encontrarnos en un abrazo.
Yo solo sé que ando perdida, ando que me encuentro, y no sé  hasta donde he llegado,
ni en qué etapa de mi espiritualidad, de mi maduración en el fruto del amor,
o de mi sanidad total me encuentro.
Y a veces siento que mi estima se rebalsa mucho por todo lo que engloba mi no-yo.
Mi no-yo tiene más que mi yo-yo.
Y esto no es un juego, esto es algo serio.
(siempre me tomé el juego muy enserio)
Pucha, ¿así quién me va a creer?
Si hablo y las otras dos aún no han acabado su conversación.
Un clavo salido. Ni salido, ni entrado, es un clavo indefinido.
Brutalmente indefinido.
Emisor con cables fracasados… (¡qué esperas! ¡reaviva tu voz!
 - exclama el ángel de la conciencia)

En el fondo yo quiero estar tranquila,
que mis límites finalmente cierren la puerta despacio, de manera serena y tenaz.
Mi sitio, es el lugar que yo misma creo.
Mi asiento imaginario es la constancia de la certeza de mi corazón: estas letras.
Estas imperfectas letras que aprendieron desde la ausencia y la necesidad.
Desde el juego de la hibridez desorientada y el ofuscamiento impreciso
como el placebo del aire inventado
en circunstancias urgentes de asfixia
hasta que pase el tembloroso síntoma del suspenso vital.



hormigas

nuestros dedos son Gigantes de la Muerte de las hormigas. Su tragedia, nuestra "casualidad" encajada a ese equilibrio natural donde somos despistados testigos de su hora final.

lunes, 5 de febrero de 2018

FILOSOFANDO EN EL TECHO

FILOSOFANDO EN EL TECHO

(Mientras toalla (tú allá) y mi corazón aprende)


La media seca contempla la llegada de la media mojada.
Hay varias opciones (entre ellas dos circunstanciales básicas:)

1. Irse la media seca de la media mojada o ¿Volar con alas propias 
y salir del escenario a buscar mejores vientos deslizándose 
con leves movimientos de corazón de algodón? o

2. ¿Darlo todo ante la oportunidad de intercambiar sensaciones nuevas,
aunque ese trance detenga su evolución, pero se sientas feliz
en su ahora reducida libertad?



viernes, 26 de enero de 2018

LOS ENCUENTROS / SARUNIGE



Para L. (N)

Tu boca me coloca en algún punto de esta historia en la que empecé a ser más tuya, que mía.
Tus ojos son el arcoíris del tiempo que borra por completo el compromiso antiguo
de mi palabra volada.
Tus manos, las ganas de creer en un futuro con futuro.
Y tu alma abrazada a lo que queda de la mía.
El viento acaricia nuestras alas que empiezan abrirse.
Tu mano descubre una lenta travesía por mi cintura, y sigue su trayecto descendiendo
hacia el volcán de mis deseos.
Mi mano en tu pelo. Hacemos del amor, un lenguaje feroz de saliva creciente.
Ardo, y luego tu ardes, y el tiempo se columpia en la Luna sin fijar distancias.
La calle es nuestra. Y le pongo silencio a la voz de esa antigua promesa,
Hago un rápido paréntesis a las palabras de una fe tranquila mientras me desamarro el pelo
y los aromas se mezclan entre la hierba y ojos escandalizados de los transeúntes
y ambos saciamos la sed de nuestros cuerpos correspondidos.
la noche nos coquetea las ropas y el recuerdo de la conciencia nos bordea hacia el límite,
y rozamos el umbral de la zona prohibida. 
La miel gotea en los arboles silenciosos
testigos de nuestro encuentro.
Eres la llama que me despierta del letargo vacío de la ciudad.
El sueño deseado de un laberinto interminable.
Tu sinceridad taladra mis dudas.
Me dices que soy insegura sin siquiera acompañarlo de una de canción.
Te respondo con poemas y me dices que me amas.
Amas a la Maga. A mí y a la loca Maga juntas,
así como yo, a quien sin ser fantasma invoco.
Y tus besos rompen cualquier intento de pulcritud y mesura.
Y una vez continuado, tu boca y la mía son olas indomablemente infinitas. 
Sigo pensando que es muy poco el tiempo para elegir un destino.
Estas presente a cada instante desde aquella vez cuando vimos el ocaso entre las piedras,
o, mejor dicho, cuando el ocaso fue testigo de nuestro amor sobre las piedras.
Sigo pensando que es muy poco el tiempo para poder elegir un destino.
Y no distingues el contraste de realidades contrarias, no ves límite entre el polvo y los boques civilizados.
Me llevas de la mano cual princesa camuflada entre la suciedad del asfalto,
entre las bolsas plásticas de los paraderos y los gritos de los ambulantes
intercalados con los cláxones, y el apuro sudoroso de los que salen de trabajar.
Nuestros vagos pasos son la carcajada de los que no viven presentes y adelantan el mañana.
Y el tiempo es una maraña escondida, pero nosotros deshacemos deberes y horarios para volcarnos a la aventura de amar.
Buscamos un espacio entre las ramas y los animales que son bienvenidos a nuestro ritual.
Jugamos a ser niños y a ser culpables en hacer caso a la timbrada de lo que nos permitimos hacer cuando no hay piropos ni silbatos que nos detengan.
Y ni pensar en pensar otra vez en que es muy poco el tiempo para elegir…
Tengo en un ala la pasión ilusionada de tu boca en frenesí.
Y en la otra ala la perpetua memoria de un desenlace de cuento apacible esperándome.
¿Cuál pesa más, corazón?
Amor de ráfaga profundidad
Vi tu mundo desnudarse de un solo porrazo
Comí y bebí de tu propio plato.
Visitaste mis parajes y yo los tuyos.
Compartimos secretos, simulando el éxtasis en los momentos a solas.
Apurado y entusiasta por conocer tu mundo, te entregaste.
Y yo contemplaba tus ojos, hipnotizada por la pasión de tu todo.
Y de repente me quedaba sin palabras, y te abrazaba
y me congelaba pensando en el significado de la felicidad.
En la fidelidad del compromiso, capaz de confiar en lo que declaró ser único y real.
De boleto, sin boleto, salida, exonerada de todo temporalmente.
El recuerdo de lo que fui se quedaba en mi reemplazo con la misma interrogante en la mirada
y volvía para admitir todo y admitir nada.
Sabiendo que nada es seguro y que siempre hay riesgo.
Ha pasado ya media hora, el tiempo pasa y si no escribo esto, será un día perdido.
Será un día más de suspenso, un día menos para dejar de pensar
en suposiciones tan distintas sin llegar a ninguna conclusión,
así como para ti un día perdido es no haber sonreído.
Tu felicidad es tan simple, por eso la admiro.
Imagino el paradero dónde me darás el beso de despedida.
Mañana me voy al silencio absoluto, a la desconexión total con lo que me une a tu mundo y al mundo.
Porque toda esa nube de consejos y globalización práctica
taparon mi voz, que quedó aturdida. Y debo escucharla, charlar un rato con ella.
A solas, como contigo, pero sin ti.
Sin dogmas, sin amuletos, sin remordimientos, sin recuerdos de castigo,
Sin atajos, sin censura.
Y recuperar a aquella que nunca se ira. La que nunca. La que siempre.
La que siempre, siempre, siempre
aprende repitiendo el mismo error, quedándose sola
yendosé con todos y con nadie.
Esa que viene y termina por irse corriendo.
Pondré sobre la mesa, lo que vale y lo que no vale de cada quien y de cada cosa.
Ya no tendré que pensar
en qué lado del tráfico debo atorarme para que el Universo me otorgue una respuesta.
Ni de qué color será el boleto que está a punto de darme el cobrador, al que ni siquiera he visto la cara. ¿Tendrá ese color alguna señal para acercarme a alguna certeza?
Solo quiero apretar este momento, cerrar los ojos y soñar con la eternidad del presente mientras te sostengo en mis brazos.
Mañana, ya no tendré que omitir la responsabilidad por haber amado
encima de un columpio inconstante.



lunes, 15 de enero de 2018

Primera herida en hoja en blanco



Sé que si te vas, ha de ser por mi culpa.
Te enamoraste de la miel y los frutos
gracias a los años bajo el imperio de las tinieblas.
El festejo de los primeros esbozos en tu piel,
y mi pasión nunca tuvo bozal ni correa.

Yo me ahogo en mi laberinto necesitado de silencios
por no saber cómo querer
por no saber cómo decir lo que quiero
porque tengo miedo a comerte, mi amor, y mi memoria sea
un agujero en las hojas en blanco de tu amor.
Esa herida que mata y que al morir ilumina un corazón.

Oh, pero mi corazón es un monstruo desesperado.
Y aquí viene el miedo otra vez:
Te contempla y te muerde.
Se ríe, te contempla y se muere.
Se ríe, te comtempla y ahora muerde su propia cola.
Y se rié mientras llora comprendiendo que su desdicha fue mal encaminada.
Recordando, maldita sea, el latido de sus manos sin alma.
Lucidez llevándose las noches de insomio por el drenaje
a donde van las lágrimas que aprendieron
olvidar.


Lo que no / El vuelo


Jamás dejes que echen a perder tu día
Jamás dejes que echen a perder tu vida.
Te llevaste el timbre alto de mi vuelo.
Enjaulada escribo con tinta de sangre lo vivido.
La metáfora con final atropellado y ciego,
serpiente infinita de la incertidumbre
que consume la nada  de lo que pudo perfectamente SER.

Yo no soy ni pertenezco a este mundo.
No soy ni pertenezco a este mundo.
Solo debo salirme del reglón de las respuestas que esperan que dé.
Irme conmigo, sola-mente conmigo. Sin mirar atrás.
Debo mandárles mi holograma.
Debo mandárles al carajo.
Debo reclamar mi voz, mi fuego, mis tan cansadas letras que resisten
que no sé cómo resisten.
Recojo mis alas rotas
y así me cueste LA vida volver a probar el cielo
Sé que, si quiero vivir, con mis propias alas  debo alzar el vuelo.


domingo, 14 de enero de 2018

Espera




No voy  perder mi tiempo en este lapso indeciso.
Temo las palabras que aún no asimilo. 
Hay preguntas que duran 40 años en responderse
y el hambre por la verdad come la piel,
las tripas y la paciencia.

Prácticas de cómo asegurar que eres un ser feliz-mente viviente. 
Es la misma piedra chocando contra mis zapatos.
La Gestalt abierta. El asunto inconcluso.
Erudita y torpe de los procesos de ebullición.
Todo el conocimiento del mundo no es suficiente para estar mejor.

Mis ojos son una protesta infinita
Yo solo espero bajarme de este bus de pesadillas.
Mis sueños rugen por ese alimento que lo saciará.

Señal del equilibrio para dar inicio a los planes divinos,
para cantar la segunda alabanza con un cuerpo florecido.
Energía poderosa de y para todo lo contrario.
Entrega total solo por saber lo que es respirar 
sin suspender de conciencia.

Enséñame a huir de mí
o a encontrarme.
Y duerme, duerme
por favor duerme.
Y has realidad tu disimulada manera de
querer curarte el alma.
Sombra de lo que fui
paso de lo que intento ser.

Pájara duerme

Siento que he sufrido suficiente que ya no puedo ir más abajo.  He vuelto a tocar fondo.  Voy de arriba a bajo y no estoy en ningún lado.  S...